Lavadero

El lavadero público, sin duda, constituye hoy uno de los rincones más entrañables y pintorescos de Orxeta. Localizado junto a la “Font dels Banyets”, se compone básicamente de una espaciosa balsa rectangular de 7 metros de longitud, 1 metro de anchura y 0’20 metros de profundidad, flanqueada longitudinalmente por dos pilas de losa de 0’80 metros de altura y 0’60 metros de anchura, donde antiguamente se fregaba la ropa. Un pequeño canalículo labrado en su derredor, entre el agua y las losas, evitaba que la balsa se llenara demasiado, al tiempo que servían para desaguar el agua usada a la Acequia Mayor. La balsa se alimenta directamente desde la Acequia Mayor, cuyo último tramo se encuentra entubado. Antiguamente, al conjunto formado por la “Font dels Banyets” y el lavadero público, se le unía también un abrevadero, aunque no se ha conservado. Además, desde 1998, fruto de un moderno proyecto de rehabilitación, cuenta con una estructura de cubierta inclinada, que lo convierten en un espacio abrigado o fresco, según la estación del año. Al mismo tiempo, se restauró la “Font dels Banyets”, una pila vaciada en mármol y retablo del mismo material situada, a modo de chaflán, en el ángulo sureste.

Sin embargo, el conjunto descrito muy poco tenía que ver con el aspecto que presentaba en el momento en el que se realizaron las fotografías, en los primeros años del siglo XX. De hecho, en 1903 constituía una de las demandas consideradas como más urgentes por los colaboradores de El León Orchetano (Rugido 2º, Alicante 16 de agosto de 1903): “no tenemos un lavadero público medianamente aceptable. En construir uno se derrocharon hace algunos años un puñado de pesetas y sus escombros estuvieron avergonzando a sus autores hasta que el tiempo los hozo desaparecer”.

Ciertamente, en el punto conocido como el “Raconet”, tan sólo existía un pequeño abrevadero, alimentado por la Acequia Mayor que atravesaba la villa, donde los vecinos acudían para abastecerse de agua y dar de beber a las caballerías. Ya en 1889 se intentó acondicionar el lugar, acordándose expedir catorce pesetas y diecisiete céntimos en obras de albañilería para su recomposición “en atención a que el abrevadero y punto donde se surte de agua la población de la acequia que atraviesa esta villa se hallaba completamente deteriorada en término que se perdía todo el agua y se hacía difícil el paso por aquel punto, tanto para las personas que tenían que ir a dar agua a las caballerías, como para las mujeres que tenían que pasar a surtirse de agua para el gasto particular de sus casas” (Acta del 13 de octubre de 1889). Un año después, se procede incluso al levantamiento de la pared frente al abrevadero, empleado también como improvisado lavadero público, “para resguardo de las personas que allí se encuentren y de los vuelcos de carruajes” (Acta 20 de abril de 1890), cuya relación de gastos ascendió a setenta y nueve pesetas. Sin embargo, las obras invertidas no parecen contentar a los vecinos, que siguen denunciando “que en la acequia pública del común y punto denominado el abrevadero existe un charco perenne a consecuencia de las muchas filtraciones y grietas de agua, por el estado ruinoso de la acequia y procede su reparación para evitar con ello los malos olores que existe en el verano” (Acta de 31 de mayo de 1891).

El lavadero público es un elemento protegido, declarado Bien de Relevancia Local  obedeciendo, más que a sus valores arquitectónicos, a su significación social e interés etnológico.

En efecto, durante mucho tiempo, el lavadero constituyó un espacio de uso casi exclusivo de la mujer, un auténtico mentidero local, donde podía expresarse con cierta libertad y escapar así, aunque fuera momentáneamente, de la fuerte presión social a la que siempre se vio sometida.

Por otra parte, la disposición de contigüidad del lavadero con la fuente y el abrevadero, también representó un importante punto de encuentro de hombres y mujeres. No es difícil imaginar que ciertos cotilleos que circularon por el pueblo, y que finalmente aparecieron publicados, de forma indiscreta, en el León Orchetano, pudieron fraguarse en este mismo espacio, entre cántaros y lozas (Rugido nº 4, Alicante 30 de agosto de 1903):

 SABOREANDO

Parece que se han sorprendido las miradas, ¿de amor? Hay quien asegura que cambian sonrisas, ¿de cariño? Háblase de mútuos obsequios, ¿de boda? Y no falta quien murmura que eso son preludios, ¿de contada de vigas? ¿Si al fin irán á parar con tanto secreto á la vicaría?

Si saben quí son esta parella

Vos convidem á una paella