Patrimonio cultural

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Es hacia la segunda mitad del siglo XIX cuando se configura, a grandes rasgos, la fisonomía actual de Orxeta, manteniéndose, desde entonces, prácticamente invariable hasta las últimas décadas del siglo XX y principios del siglo XXI. Por su valores arquitectónicos, artísticos y etnológicos, recogidos en el Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de la localidad, el Núcleo Histórico Tradicional es hoy objeto de especial protección como Bien de Relevancia Local, junto a un cinturón periurbano conformado por huertas de gran valor paisajístico y cultural.

Afortunadamente, además de las propias fotografías, contamos con varios documentos históricos, gráficos y textuales, que nos permiten una aproximación bastante fiable a la imagen que, tanto la población como su territorio, debieron presentar a finales del período decimonónico.

Gracias a la referencia de Pascual Madoz, extraída de su célebre Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1850), obtenemos un cuadro detallado de la villa y su término a mediados del siglo XIX que, como decíamos, apenas diferirá a lo largo de toda la centuria:

ORCHETA: l. con ayunt. de la prov. de Alicante (6 leg.), part. jud. de Villajoyosa (1), aud. terr., c. g. y dióc. de Valencia (22). SIT. en una barrancada rodeada de montes, á la márg. der. del r. Sella, dist. unas 2 horas del mar: le baten los vientos del NE., que causan mucho daño y bajan acanalados entre los montes de Relleu y los del pueblo; su CLIMA es templado, y las enfermedades más comunes tercianas, que desde 1839 se han aumentado considerablemente. Tiene 444 casas generalmente de 2 pisos y fáb. regular, aunque hay algunas de 3, las cuales se distribuyen en 9 calles bastante anchas y rectas, una plaza frente a la igl. de 450 palmos de long. y 70 de lat., y 2 plazuelas de poca consideración: hay casa consistorial, que es pequeña para las elecciones municipales; un ant. palacio donde habitaba el comendador de la órden de Santiago, cuyo piso bajo esta destinado á cárcel; escuela de niños á la que concurren unos 30, dotada con 1.300 rs., otra de niñas con 16 de asistencia y 750 rs. de dotación, y una igl. parr. (Santiago) servida por un cura de entrada y provisión del ordinario y del cura de Villajoyosa alternativamente. El templo fue construido desde 1759 hasta el 61, habiéndose consagrado en 25 de julio de 1764; es un edificio bastante sólido, aunque de piedra y cal, lo mismo que su torre, que es bastante elevada y de buena forma, con su reloj y 3 campanas; es de tres naves, y la principal tiene 429 palmos de larga, 78 de ancha y 80 de alta, con 9 altares incluso el mayor, dedicado á San Jaime, todo de madera y bien trabajado. El cementerio estuvo unido á la igl. ; pero en 1817 se hizo otro á la parte superior de la pobl., dist. unos 200 pasos, el cual es bastante capaz y ventilado […].”

En referencia a la estructura urbana descrita, ésta tiene su representación gráfica en un plano realizado en el año 1872, realizado por el entonces médico cirujano Don Miguel Llorca y Ferrándiz, y Don Federico García y Llorca, estudiante en ciencias, complementándose de tal forma que podemos recuperar con exactitud los diferentes espacios que configuraron el casco antiguo en el pasado y su desarrollo evolutivo hasta nuestros días.

Empleando este documento a modo de guía turística, iniciamos ahora un recorrido por los puntos más singulares y emblemáticos de Orxeta, tal y como los pudieron percibir, a traves de sus objetivos, aquellos primeros fotógrafos amateurs.

Cruz de Término

Se localizaba, como hoy, en la entrada principal a la población de Orxeta, justo en el extremo donde comenzaba la calle Mayor. Se trata  de una modalidad de hito o mojón, que sigue la antigua tradición de levantar este tipo de momumentos en el ingreso de villas y ciudades, como muestra de piedad popular, y de los que se conocen numerosos paralelos en el entorno próximo.

Básicamente, consisten en unas gradas de planta circular sobre las que se eleva un fuste sin remate de nudo, macolla o capitel, que sustenta una cruz. A principios de siglo, la cruz de término de Orxeta presentaba un aspecto un tanto diferente, puesto que todavía no estaba culminada por la cruz de hierro forjado que luce en la actualidad. Además, por las actas municipales sabemos que los bancos de la plataforma fueron objeto de numerosas y continuas recomposiciones, motivadas por los actos vandálicos. Así, por ejemplo, el día 19 de septiembre de 1897, se dio cuenta en el Ayuntamiento de que “[…] los bancos que sirven de sostén a la Cruz que se haya situada a la salida de la población camino de Villajoyosa se hallan casi por completo destruidos y procede una modificación para evitar en lo posible que la mano criminal venga destruyendo aquel sitio de respeto y veneración en los pueblos cultos […]”.

Iglesia Parroquial

Presidiendo la Plaza de la Constitución (en la actualidad Plaza del Dr. Ferrándiz), se encuentra la Iglesia Parroquial, descrita minuciosamente por Pascual Madoz: “El templo fue construido desde 1759 hasta el 61, habiéndose consagrado en 25 de julio de 1764; es un edificio bastante sólido, aunque de piedra y cal, lo mismo que su torre, que es bastante elevada y de buena forma, con su reloj y 3 campanas; es de tres naves, y la principal tiene 429 palmos de larga, 78 de ancha y 80 de alta, con 9 altares incluso el mayor, dedicado á San Jaime, todo de madera y bien trabajado.”

Efectivamente, el edificio fue construido entre 1.759 y 1.761, durante el reinado de Carlos IIIEstá consagrada a San Jaime Apóstol (por haber sido Orxeta una encomienda de la Orden Militar de Santiago hasta 1817), cuya imagen ocupa el altar mayor. Los altares laterales están dedicados a los patrones del pueblo, Santo Tomás de Villanueva, que fue arzobispo de Valencia y San Nazario, mártir de Milán. La capilla de la Comunión, por su parte, está dedicada a Santa Isabel de Portugal.

Se trata de un edificio que asimila la planta contrareformada a la disposición de la tipología neoclásica. Es decir, nave única, formada por tres tramos y capillas laterales de planta cuadrada, dispuestas entre contrafuertes. La perforación de estos elementos estructurales permite la comunicación entre aquellos espacios, dando como resultado las características de falsas naves laterales.

La nave principal se cubre mediante bóveda de cañón seguido, y el crucero queda configurado por la nave principal y la transversal, que se materializa por la supresión de las capillas laterales. Está cubierta por cúpula muy rebajada. Tras el crucero, el presbiterio ocupa un espacio cuadrado siguiendo la alineación de la nave principal. A cada lado quedan dos espacios, cuyo ancho se corresponde con las capillas laterales.

En cuanto a la ornamentación, se inscribe en principios neoclásicos, aunque las sucesivas capas de pintura, superpuestas a los acabados originales, desvirtúan aquellos presupuestos.

Las cubiertas son inclinadas a dos aguas y, coincidiendo con el crucero, existe un tramo longitudinal que está resuelto a cuatro aguas. Toda la superficie de cubierta está formada por tejas cerámicas de tipo curvo.

La fachada se caracteriza por estar mantenida en un plano, donde se impone por su dimensión el hueco de acceso y, aunque presenta molduras, no revisten especial relevancia.

Durante la guerra civil española, en 1936, el templo fue incendiado, y tanto los altares de madera como las imágenes fueron consumidos por las llamas, desapareciendo todos los objetos de culto. De este modo se perdió para siempre el grupo escultórico de San Nazario, realizado por el artista valenciano José Esteve y Bonet (terminada el día 24 de marzo de 1.780), la cual se hallaba emplazada en uno de los altares, a la altura del crucero. La restauración del edificio se realizaría finalmente en 1.943.

Por otra parte, aislada y a un lado de la fachada, queda la torre del campanario, formada por cuatro cuerpos superpuestos. Al igual que la iglesia, ha sido objeto de restauración en diversos momentos de la historia, la última de ellas en el año 1954. Las campanas también fueron sustituidas en 1940, conocidas con los nombres de San Jaime, San Tomás y San Nazario, en homenaje a los santos patronos.

Precisamente, pocos años antes del momento en que se realizaron las fotografías seleccionadas, la torre sufrió un grave accidente que conmocionó a la población, durante el transcurso de una tormenta, al recibir el impacto de un rayo, el día 11 de abril de 1894.

Debió quedar en tan precario estado de conservación que, ante la amenaza inminente de ruina, rápidamente se tomaron medidas extraordinarias, notificándose el hecho a las autoridades competentes. El 29 de abril de 1894, se acuerda en acta municipal suprimir la misa matutina: “[…] debido a la tormenta ocurrida el día 11 del mes actual una chispa eléctrica había destruido la cúpula de la torre-campanario arrancando en toda su base la veleta quedando por dicho motivo en estado ruinoso la expresada torre que amenaza su próximo derrumbamiento, cuyo hecho se puso en conocimiento […] al Señor Gobernado Civil de la provincia para que adoptara las medidas convenientes en fecha 13 del mismo y que según noticias aquella autoridad superior había puesto el hecho en conocimiento del Prelado de la Diócesis de Valencia a que pertenece esta villa […] como medida preventiva debía suprimirse la misa matutina que sufraga el municipio evitando con ello la aglomeración de gente que concurre a dicha misa […]”.

Sin embargo, nunca se recibió la ayuda solicitada. Desde el día 13 de abril de 1894, en que la Alcaldía pone en conocimiento del Gobernador Civil el estado ruinoso de la torre-campanario, tan sólo se recibe un telegrama por parte de su Eminencia el Cardenal, el día 10 de noviembre de 1895, dando disposiciones para la clausura de la iglesia “en prevención de evitar una catástrofe”.

La situación era insostenible, y el 9 de diciembre de 1900 se decide la reparación de la azotea del campanario y la colocación de la veleta, alegando que “[…] con motivo del derribo de la cúpula del campanario por amenazar un seguro desprendimiento había quedado en mal estado la azotea del mismo de tal modo que las aguas pluviales filtrando por las grietas llegan hasta introducirse en el departamento destinado al reloj publico y por ello continúan en aumento los desperfectos siendo urgente llevar a efecto esta reparación y al mismo tiempo colocar la veleta que señala los vientos reinantes que fue derribada por una exhalación eléctrica […]”.

Años después, la torre de la iglesia seguía suponiendo un peligro público. En el acta del 17 de mayo de 1903, se acuerda derribar la cornisa de la torre de la Iglesia por su inestabilidad: “[…] la ultima cornisa que existe en la torre de la Iglesia se encuentra bastante deteriorada y en estado peligroso pues casi todos los días hay desprendimientos de ella que pone en peligro a los que pasan por el lado de ella tanto en la calle como en las tierras adjuntas por lo cual debe reponerse dicha cornisa o derribar de ella la parte peligrosa […]”.

A pesar de los esfuerzos, y sin los recursos económicos suficientes para acometer un proyecto de restauración en profundidad, el proceso de ruina del templo avanzaba imparable con los años. Aun siendo lamentable su aspecto exterior, en su interior los síntomas eran aún más inquietantes, tal y como se denunciaba en la sesión del Ayuntamiento del 23 de abril de 1905: “[…] pues a la simple vista se observa una grande apertura en el centro y lados del arco central, ocurriendo lo propio en los dos laterales del crucero de la misma y temeroso que en un momento dado pudiera suceder el desplome de estos y de la bóveda central, y al objeto de evitar alguna hecatombe de graves consecuencias […]”.

Ermita de Santo Tomás

De las tres ermitas conocidas en el término municipal, la más importante y popular de todas ellas es, sin duda, la Ermita de Santo Tomás.

Construida en 1665, y por consiguiente más de cien años antes que la Iglesia Parroquial de San Jaime Apóstol, se encuentra localizada junto al actual Cementerio Municipal, en una pequeña elevación que domina, desde su lado occidental, el casco antiguo de Orxeta, constituyendo el hito final del tradicional recorrido del Calvario (señalado en el plano con el número 8). Es en este recinto donde se custodia una imagen de Santo Tomás, trasladada anualmente en solemne procesión hasta la Iglesia Parroquial durante las fiestas patronales, la penúltima semana de septiembre.

Ha sufrido importantes remodelaciones a lo largo del tiempo que han desvirtuado un tanto su estructura original, pero las fotografías nos ofrecen la oportunidad de contemplar el aspecto que ofrecía, nada más comenzar el siglo XX.

Cementerio Municipal

Una de las mayores preocupaciones sanitarias en España desde finales del siglo XVIII, con respecto a la salubridad de las ciudades, se centraba en las malas condiciones higiénicas que presentaban los cementerios intramuros.

Impulsadas por las corrientes reformistas ilustradas, y el temor a las grandes epidemias, como la fiebre amarilla y el cólera, de gran incidencia en el siglo XIX, se genera toda una serie de disposiciones legales sobre el uso y la construcción de cementerios extramuros, entre las que destaca el Reglamento de Cementerios del Real Sitio de San Ildefonso (9 de febrero de 1785) y, sobre todo, la Real Cédula de 3 de Abril de 1787, de Carlos III.

De este modo, en 1.817 se procede al traslado del cementerio, que se encontraba junto a la Iglesia Parroquial, hasta el lugar que actualmente ocupa, fuera de la población y junto a la Ermita de Santo Tomás de Villanueva.

Los terrenos de la antigua necrópolis, señalados en el plano de 1872 con el número 13, bajo la leyenda de “Huerto de Don Juan Bautista Escrig”, fueron vendidos finalmente, aunque todavía se conservan algunos cipreses que recuerdan su anterior uso. Incluso, en algunas fotorafías de la época, puede apreciarse claramente la puerta monumental que daba acceso al camposanto desde la Plaza de la Constitución, adosada a la torre del campanario.

El nuevo cementerio es descrito por Pascual Madoz como “bastante capaz y ventilado”, haciendo alusión a los criterios que intervienen en la elección de su emplazamiento. Así, se buscan lugares bien aireados, elevados, de modo que faciliten la evacuación de las aguas pluviales, lejos de pozos y fuentes de consumo público, para prevenir la contaminación de las aguas potables, y a una distancia prudencial de las casas habitadas, que en el caso de Orxeta se mide en “unos 200 pasos”. Además, la proximidad de la Ermita ahorró el coste de la construcción de una nueva capilla.

Las fotografías de los primeros años del siglo XX muestran el aspecto que presentaba el cementerio municipal. Se trata, como vemos, de un pequeño recinto cerrado, sin apenas vegetación, donde la mayor parte de los finados, de condición humilde, eran inhumados a ras de suelo. En menor medida, se observa algún que otro mausoleo y estela funeraria en memoria del difunto, en forma de pedestal o cipo, y los primeros nichos adosados al muro de cierre.

Durante el período que analizamos, el cementerio, al igual que la mayoría de edificaciones de la población, se encuentra en pésimo estado de conservación, con numerosos daños provocados, sobre todo, por las lluvias torrenciales. Por ejemplo, el día 28 de febrero de 1892, se acuerda en sesión plenaria abonar de imprevistos 21’45 pesetas para pagar los gastos de reparación “en atención a que las últimas lluvias había ocasionado el derrumbamiento de un trozo de pared de la parte mediodía del cementerio municipal de esta villa”.

Sin embargo, estas y otras medidas similares apenas pueden ralentizar el proceso de ruina. En 1899 la situación era ya inadmisible, decidiéndose en acta del 30 de julio acometer la recomposición del cementerio de mayor envergadura, alegando que “[…] practicado un reconocimiento de esta villa se ha observado que la puerta de entrada se halla bastante deteriorada y las paredes que la sostienen amenazan próxima ruina hasta el extremo de que en la actualidad existe agujero por donde pueden penetrar dentro de aquel sagrado recinto”. Igualmente, el 2 de septiembre de 1900, se verifican las reparaciones de la casita que servía de habitación para el encargado del cementerio, adherida a la Ermita de Santo Tomás, por estar totalmente inservible.

Lavadero Público

El lavadero público, sin duda, constituye hoy uno de los rincones más entrañables y pintorescos de Orxeta. Localizado junto a la “Font dels Banyets”, se compone básicamente de una espaciosa balsa rectangular de 7 metros de longitud, 1 metro de anchura y 0’20 metros de profundidad, flanqueada longitudinalmente por dos pilas de losa de 0’80 metros de altura y 0’60 metros de anchura, donde antiguamente se fregaba la ropa. Un pequeño canalículo labrado en su derredor, entre el agua y las losas, evitaba que la balsa se llenara demasiado, al tiempo que servían para desaguar el agua usada a la Acequia Mayor. La balsa se alimenta directamente desde la Acequia Mayor, cuyo último tramo se encuentra entubado. Antiguamente, al conjunto formado por la “Font dels Banyets” y el lavadero público, se le unía también un abrevadero, aunque no se ha conservado. Además, desde 1998, fruto de un moderno proyecto de rehabilitación, cuenta con una estructura de cubierta inclinada, que lo convierten en un espacio abrigado o fresco, según la estación del año. Al mismo tiempo, se restauró la “Font dels Banyets”, una pila vaciada en mármol y retablo del mismo material situada, a modo de chaflán, en el ángulo sureste.

Sin embargo, el conjunto descrito muy poco tenía que ver con el aspecto que presentaba en el momento en el que se realizaron las fotografías, en los primeros años del siglo XX. De hecho, en 1903 constituía una de las demandas consideradas como más urgentes por los colaboradores de El León Orchetano (Rugido 2º, Alicante 16 de agosto de 1903): “no tenemos un lavadero público medianamente aceptable. En construir uno se derrocharon hace algunos años un puñado de pesetas y sus escombros estuvieron avergonzando a sus autores hasta que el tiempo los hozo desaparecer”.

Ciertamente, en el punto conocido como el “Raconet”, tan sólo existía un pequeño abrevadero, alimentado por la Acequia Mayor que atravesaba la villa, donde los vecinos acudían para abastecerse de agua y dar de beber a las caballerías. Ya en 1889 se intentó acondicionar el lugar, acordándose expedir catorce pesetas y diecisiete céntimos en obras de albañilería para su recomposición “en atención a que el abrevadero y punto donde se surte de agua la población de la acequia que atraviesa esta villa se hallaba completamente deteriorada en término que se perdía todo el agua y se hacía difícil el paso por aquel punto, tanto para las personas que tenían que ir a dar agua a las caballerías, como para las mujeres que tenían que pasar a surtirse de agua para el gasto particular de sus casas” (Acta del 13 de octubre de 1889). Un año después, se procede incluso al levantamiento de la pared frente al abrevadero, empleado también como improvisado lavadero público, “para resguardo de las personas que allí se encuentren y de los vuelcos de carruajes” (Acta 20 de abril de 1890), cuya relación de gastos ascendió a setenta y nueve pesetas. Sin embargo, las obras invertidas no parecen contentar a los vecinos, que siguen denunciando “que en la acequia pública del común y punto denominado el abrevadero existe un charco perenne a consecuencia de las muchas filtraciones y grietas de agua, por el estado ruinoso de la acequia y procede su reparación para evitar con ello los malos olores que existe en el verano” (Acta de 31 de mayo de 1891).

El lavadero público es un elemento protegido, declarado Bien de Relevancia Local  obedeciendo, más que a sus valores arquitectónicos, a su significación social e interés etnológico.

En efecto, durante mucho tiempo, el lavadero constituyó un espacio de uso casi exclusivo de la mujer, un auténtico mentidero local, donde podía expresarse con cierta libertad y escapar así, aunque fuera momentáneamente, de la fuerte presión social a la que siempre se vio sometida.

Por otra parte, la disposición de contigüidad del lavadero con la fuente y el abrevadero, también representó un importante punto de encuentro de hombres y mujeres. No es difícil imaginar que ciertos cotilleos que circularon por el pueblo, y que finalmente aparecieron publicados, de forma indiscreta, en el León Orchetano, pudieron fraguarse en este mismo espacio, entre cántaros y lozas (Rugido nº 4, Alicante 30 de agosto de 1903):

 SABOREANDO

Parece que se han sorprendido las miradas, ¿de amor? Hay quien asegura que cambian sonrisas, ¿de cariño? Háblase de mútuos obsequios, ¿de boda? Y no falta quien murmura que eso son preludios, ¿de contada de vigas? ¿Si al fin irán á parar con tanto secreto á la vicaría?

Si saben quí son esta parella

Vos convidem á una paella

Plazas y Vías Públicas

La estructura viaria del núcleo histórico tradicional de Orxeta mantiene exactamente la misma disposición que Pascual Madoz ya recogió en sus observaciones, distribuida en torno a nueve “calles bastante anchas y rectas, una plaza frente á la igl. de 450 palmos de long. y 70 de lat., y 2 plazuelas de poca consideración”. Incluso la nomenclatura de las calles, como podemos comprobar en el plano realizado en el año 1872, ha llegado hasta nosotros sin apenas cambios.

Esta nos proporciona información muy reveladora acerca de su origen y la historia de la localidad, si bien el dar nombre oficial a las calles es un invento relativamente reciente. No es hasta mediados del siglo XIX, por Real Orden de 30 de noviembre de 1858, cuando se determina que era preciso denominar cada una de las calles que componían una localidad, y dentro de ellas, numerar todas las casas.

De este modo, la calle Mayor representa la vía principal de la localidad, en torno a la cual se disponen las casas más notables; la calle de Santo Tomás, es llamada así en honor a uno de los patrones del pueblo, al igual que la calle de San Nazario, y daba acceso a la Ermita de Santo Tomás y al cementerio municipal, por el antiguo trazado del Calvario; la calle del Azagador superpone su trazado a una antigua vía pecuaria; la calle de la Industria albergaba uno de los hornos panaderos más antiguos de la localidad (en la actualidad en proceso de rehabilitación), siendo propiedad de la familia Aznar desde 1893; la calle Barranquet se corresponde, como su propio nombre indica, con un desagüe natural; la calle del Pal conducía a una antigua era de trillar, hoy desaparecida, conocida como Era del Pal; la calle del Sol, de origen más incierto, tal vez hiciera referencia, según algunos informantes consultados, a un antiguo reloj de sol, algo muy habitual en las fachadas de las viviendas de la época; la calle de la Parra, sugiere un eco de la importancia que la vid tuvo en la economía alicantina, sin duda el cultivo hegemónico durante la segunda mitad del siglo XIX.

En cuanto a las plazas, la mayor, frente a la Iglesia parroquial, se llamó Plaza de la Constitución, hoy Plaza del Dr. Ferrándiz, conmemorando la proclamación de la Constitución española de 1876, promulgada el 30 de junio por Cánovas del Castillo. También es aquí donde nos encontramos la venerable Casa del Comendador. Este gran edificio, hoy compartimentado en varias viviendas, corresponde al antiguo Palacio de la Orden de Santiago, tradición que recoge Pascual Madoz describiéndolo como “un ant. palacio donde habitaba el comendador de la órden de Santiago, cuyo piso bajo esta destinado á cárcel”. Efectivamente, las bodegas del edificio, realizadas con bóvedas de mampostería, se habilitaron como prisión durante todo el siglo XIX, y en cuyas paredes todavía se conservan algunos grafitos realizados por los condenados. El inmueble en su conjunto ha sufrido varias remodelaciones con el paso del tiempo, con la lamentable pérdida de valiosos elementos arquitectónicos y artísticos, en algunos casos todavía recuperables, como los frescos que decoraban los salones nobles.

De las dos plazoletas menores, una era la Plazuela del Ravalet, y la otra la Plaza de la Villa, donde se localizaba la Casa Consistorial y se celebraba el mercado, a pesar de que las reducidas dimensiones impedían el normal desarrollo de la actividad comercial. Por esta razón, en las actas municipales se recogen varias peticiones solicitando su traslado a la calle de Santo Tomás, o la Plaza de la Constitución, puntos considerados de mayor amplitud y comodidad para las transacciones.

Un problema recurrente en Orxeta fue el de la urbanización y salubridad de sus calles. La ausencia de alcantarillado hacía que, en muchas ocasiones, la acumulación de suciedad y el hedor, se convirtieran en un peligroso foco de infecciones.

El artículo 227 de las Ordenanzas Municipales de Policía Urbana y Rural (1910) obligaba a que los dueños de fincas urbanas sitas dentro de la población construyeran parte de la acera o empedrado, correspondiente a la extensión de lo edificado, con fachada a la vía pública. Dichas aceras debían tener la anchura apropiada para el tránsito de personas, dejando el espacio suficiente para el paso de caballerías y carruajes.

Sin embargo, la precariedad de estos trabajos y lo inadecuado de los materiales empleados, no garantizaban su perdurabilidad, sobre todo cuando arreciaban las lluvias (El León Orchetano, Rugido nº 6, Alicante 13 de septiembre de 1903).

POLICÍA URBANA

Ya tenemos las calles urbanizadas. Parece se habla de preferencias y hasta se dice que se señala cierta “costereta” como mejor arreglada que las demás. ¡Bah! Nunca falta que decir. ¿Y qué importaría aunque así fuese? Los hombres somos débiles cuando se trata de cosas del corazón. El amor hace cometer diabluras en todas las edades y en la vejez más que en otra alguna. ¿Qué no hará un enamorado por agradar á la dueña de sus pensamientos? Los que por ahí murmuran indudablemente ven visiones; pero aunque vieran realidades, habría que hacer la vista gorda. ¿Por qué nos hemos de meter con los tórtolos que enamorados se arrullan?

Bueno, pues decíamos que las calles ya están urbanizadas, aunque no sea de extrañar que al publicarse estas líneas se hubiesen desurbanizado, pues ya se sabe que en lloviendo cuatro gotas, ¡paf! Tabla rasa. Todos esos arreglos y composturas se nos figuran albayalde y colorete en cara de mujer fea.

Y volviendo á las calles. ¿Llegaremos á saber lo que esos arreglos cuestan? Y desde luego adelantamos que por poco que sea va á parecernos mucho. ¿Qué por qué? Pues sencillísimo. Tenemos un guarda municipal para uso y abuso doméstico del alcalde. Ese guarda no lleva armas. Muy bien. Eso favorece nuestro propósito. Nosotros entregaríamos a ese guarda varias armas: escobas, azadas, legones, carretillas, por ejemplo. Y después, en vez de estar siempre al servicio del alcalde, ó de los parientes del alcalde, ó del burro del alcalde (muchas veces se le ha visto dando agua al animalito ó segándole alfalfa), le pondríamos al servicio del pueblo, quedando “ipso facto” convertido el guarda municipal en una importantísima institución urbana. Y quitando hoy una… “descomida” que abandonó su dueño en momentos de apuro en sitio demasiado público, y rellenando mañana un hoyo, y machacando ó apartando al otro unas piedras que estorban, y siempre atento á que ni chicos… ni grandes ensucien puertas y paredes y no dejando nunca de mano los “aromáticos olores”, tendríamos el pueblo convertido en tacita de plata y sin gastar un céntimo extraordinario.

Y aún cabría hacer más: ir almacenando las “descomidas” que se dejan en cualquier parte los que siempre van á “hacer los hechos” de prisa y corriendo, y sacar de ellas unas pesetillas.

Y basta por hoy.”

 

Por último, a los problemas derivados de la suciedad y los malos olores de las calles, habría que  añadír la oscuridad de las mismas después del ocaso.

La instalación del primer alumbrado público resultó ser todo un acontecimiento en la villa. En el acta del 30 de diciembre de 1888 se manifestó que “la voz pública del vecindario reclama con urgencia la instalación del alumbrado público de esta villa el cual es de insignificante coste para el municipio en atención a que ya posee los faroles necesarios para el mismo, hayándose reducidos solamente sus gastos para la adquisición del petróleo y el de la persona que se encargue de su limpieza, conservación y encendido diariamente”, ante lo cual el Ayuntamiento, tomando en consideración lo expuesto, y tras una breve deliberación, acordó que “siendo de urgente necesidad la instalación del alumbrado público de esta villa cuya mejora reclama el vecindario y la cultura de la población, se consigne en el presupuesto adicional del corriente año la cantidad de ciento cuarenta pesetas que se calculan necesarias para el alumbrado público de esta villa, conservación del mismo y persona encargada de encenderlos”.

A pesar de contar con la infraestructura necesaria, y en vista del aumento tan considerable que alcanzó el petróleo en las postrimerías del siglo XIX, el servicio no pudo sostenerse durante mucho tiempo, y el 7 de noviembre de 1897 se acuerda retirar provisionalmente el alumbrado público. Un tiempo que se prolongará más de lo previsto en un principio, y que el León Orchetano hizo notar, en clave humorística, a través de ciertos “Gozos ripiados” (Rugido nº 3, Alicante 23 de agosto de 1903):

GOZOS RIPIADOS

 “[…] Ya no alumbran los faroles,

y está oscuro y huele á queso,

y conviene solo eso para los trasnochadores,

que todos llenos de amores

van por el ‘albeurador’ […]”

Vivienda Tradicional

A mediados de siglo, Pascual Madoz refiere que el núcleo urbano “Tiene 144 casas generalmente de 2 pisos y fáb. regular, aunque hay algunas de 3 (…)”, siguiendo el conocido esquema de “planta baixa”, “cambra” y “porxe”.

La vivienda urbana tradicional constituye un valor testimonial de arquitectura popular de singular valor, y su tipología guarda cierta relación con la casa medieval entre medianeras. Sin embargo, con la influencia  de la academia en el siglo XVIII, se introducirán modificaciones sustanciales, que son la base de la tipología que nos ha llegado desde esa época.

Las fachadas presentan dimensiones variables, pero con un predominio absoluto de la verticalidad. Los postulados academicistas son evidentes: fachada simétrica, rigurosamente geométrica, de huecos iguales y formas puras. La entrada se realiza justo por el punto medio y las ventanas suelen ser de gran tamaño, teniendo habitualmente salida a un balcón de pequeñas dimensiones que sobresale escasamente de la fachada, presentando así mismo rejas de hierro forjado bellamente elaboradas.

En cuanto a los aspectos formales, la mampostería, enfoscada, se recubre de vistosos colores destacando sobre todo el ocre, el almagre, el añil y el blanco, mientras que los recercados de las ventanas son casi siempre blancos y a veces destacados con molduras de yeso. La cubierta es habitualmente inclinada y resuelta con teja árabe.

Habría que destacar, además, los aleros ricamente decorados por medio de ladrillos pintados con motivos geométricos, de complejidad variable, y que constituyen una de las señas de identidad de la casa orchetana.

La distribución y la funcionalidad de los espacios interiores no suele presentar muchas variantes, si bien la posición social y el poder adquisitivo de sus inquilinos tiene claramente su reflejo en el número de estancias y el nivel de confort. Así, los cuartos de baño con retrete o las cisternas, puesto que no existía agua corriente en las viviendas, sólo estaban al alcance de una minoría privilegiada.

Una de las casas más distintivas de Orxeta, en la Plaza de la Constitución, aparece señalada en el plano de 1872 con el número 14, propiedad entonces de Juan Bautista Escrig. En la actualidad, todavía puede contemplarse tal y como lució originalmente, gracias a una reciente y modélica restauración de la fachada.

A partir de 1910, con la puesta en vigor de las Ordenanzas municipales de policía urbana y rural de Orxeta, todas las construcciones quedaron sometidas a una rígida regulación.

Así, toda “[…] construcción, reforma ó reparación se sujetará á las reglas generales de higiene y ornato, y en su caso, al plan general que pueda formar el Ayuntamiento” (art. 130), no obstante, la distribución de los huecos en las fachadas, su decoración, altura de los edificios y estilo de los mismos será “[…] enteramente libre, mientras no perjudique á la solidez y ornato” (art. 131).

Igualmente, para facilitar el tránsito de carruajes se establece que los “[…] ángulos exteriores de los edificios se procurarán sean redondeados, así como en los cruces de dos ó más calles que las esquinas sean iguales” (art. 138)

Algunas de estas normas supondrán, lamentablemente, la pérdida definitiva de elementos valiosos de nuestro patrimonio cultural: “Quedan prohibidos los puentes, corredores y saledizos que atraviesen la vía pública, y no se permitirán reparaciones en los existentes. Quedan también prohibidos los retablos y altares en las paredes y fachadas de las casas, y los existentes tampoco podrán repararse” (art. 136).

En consecuencia, elementos arquitectónicos como el “Portal” en la calle Mayor (señalado en el plano con el número 11) o la “Bolta”, en la calle de la Industria (señalado en el plano con el número 12), ambos pasos elevados sostenidos por un arco, desaparecieron para siempre. Idéntica suerte corrieron diversos paneles cerámicos que adornaban las fachadas, entre ellos los que marcaban las diferentes estaciones del Vía crucis.

El período que abarca la colección de fotografias que presentamos en esta ocasión, no se caracteriza precisamente por su impulso constructor. Más bien, al contrario, las instantáneas transmiten cierto estado de abandono y decadencia generalizada en toda la población, que se corrobora por las informaciones contenidas en las actas municipales, o en las noticias aparecidas en el León Orchetano (Rugido 6º, Alicante 13 de septiembre de 1903):

DE PIÉ Y EN EL SUELO

 De pié están unos paredones que caerán el mejor día, aplastando al más descuidado vecino: y en el suelo hay un montón de escombros que debieran haber desaparecido hace ya mucho tiempo.

¿Qué donde está eso? El que no lo ha visto es ciego, pues existe en uno de los puntos más visibles de la población, para desdoro de su dueño y afrenta de Orcheta.

Y localizando más, añadiremos que se encuentra en la casa número 8 de la calle Mayor.

Ya que el señor alcalde, de acuerdo del ayuntamiento está limpiando las calles, bien podría fijarse en este sitio, que en tiempo no muy lejano también fue horno.

Vaya, señor alcalde, buen ánimo, que tan vecinos de Orcheta son “es des costeres com es des plans.”

 

A pesar de todo, contamos con dos placas fotográficas que documentan el proceso de rehabilitación de un inmueble de la localidad, con su preceptivo andamiaje, en la calle Mayor. Un acontecimiento que también parece recoger el León Orchetano, desde donde se felicita a sus propietarios por el buen gusto exhibido (Rugido 4º, Alicante 30 de agosto de 1903):

NIDO DE AMOR

 El Sr. Ferrándiz y Sellés de Jaime (D. Francisco) se ha lucido. Sobre el antiguo “corralet” de la señora María (así le llamaban todos) ha levantado una gran casa que será hermoso nido de amor. Tuvimos el gusto de visitarla días pasados y pasamos un buen rato. Hay allí espaciosas salas, preciosos gabinetes, coquetonas alcobas y cuanto se requiere para pasar felicísima luna de miel.

El Sr. Ferrándiz ofrece un buen ejemplo que imitar á otros que construyen casas en los puntos más visibles de la población que son afrenta del buen gusto y dejan en pié ruinosos paredones que amenazan aplastar al más pacífico vecino.

El León Orchetano felicita al Sr. Ferrándiz y á la dichosa pareja que bien pronto hará en la nueva casa un nido de amor y celebrará que en aquellas preciosas estancias se oigan siempre voces alegres y no se acabe nunca la felicidad.